La agonía de tu ausencia.
Sabes que la puerta siempre está abierta, lo raro es que nunca entras. Lo raro es que la que quiere que lo hagas soy yo, soy yo la que te busca, la que anhela que te quedes. Pero cuando lo haces, solo quiero cerrar la puerta, aunque por más que quiera hacerlo, estoy obligada a no poder obligarte a quedarte. Siempre soy yo, siempre he sido yo el problema por aferrarme tanto a ti, a tus besos, a tus migas de amor esperando más. Me aferro tanto a la idea de que en algún momento me ames, que decidas estar conmigo, pero creo que soy esclava de mi imaginación.
No soy lo que quieres, solo te aprovechas de mí, me lo han dicho todos, es algo que no desconozco. Pero nunca se ha tratado de eso, siempre se ha tratado de mí, de mi amor necesitado y de lo egoísta que soy por no respetar lo que tú sientes. Tus palabras y acciones, el cómo decides irte como si nada, me dan a entender de tu poca empatía por mí. Pero tus ojos al volverme a buscar me dicen todo lo contrario, me confundes tanto.
No me deseas en tus días, solo me deseas por las noches, cuando tu cama está fría y la soledad te abraza. Ahí es cuando yo llamo. Nunca me buscas, ni piensas hacerlo, pero siempre lo quiero, siempre sueño con que lo hagas. Pero entre mi desesperación y mi poco autocontrol lo hago yo. Todo concuerda tanto: tu soledad, mis impulsos, nuestras carencias y nos aprovechamos del uno al otro, tú de mi necesidad por ti y yo del vacío que siempre buscas llenar.
Habitas mi mente y cuerpo, mi cabeza no deja de dar vueltas en recuerdos vagos que te siguen cuidando. Mi cuerpo no me responde cuando pienso en ti, se encoge y pierde el sentido de ser. Quedó hundida en imágenes que se guardan aunque no sea sano conservarlas, cuestionándome si yo de vez en cuando paso por tu cabeza, si en ti quedaron las mismas huellas, porque yo estoy llena de ellas, desde el momento en el que decidí que te amaba, desde el día que me sentiste de pies a cabeza. Pero eso tal vez en tu conciencia pudo haber sido un día cualquiera.
Siempre seré torpe ante tus palabras, siempre me podrás enredar las veces que quieras. Pero por favor no abuses de mi poca inteligencia y mis deseos de que algún día te quedes y me escojas. Solo soy una niña terca que aún no sabe nada tratando de entender la cabeza de alguien perdido. Lo inusual es que a mí no me importa nadie que no sea yo.
Me puedes olvidar, me puedes dejar, pero nunca tendrás quien te deje de amar. Mi forma de quererte es enferma porque me haces mal, me haces sentir tantas cosas con una llamada, me haces sentir tanto miedo por ser lastimada de nuevo a la vez que me haces volver a desearte. Todos los días trato de sanar esta obsesión abusiva por ti, pero estoy totalmente contagiada. Dime, ¿cómo saco de mi cabeza aquello que no sale del corazón? Si te pudiera pedir algo, te pediría que lo rompieras más, pero a ti no te interesa seguir haciéndolo. Quédate, el aún no quiere que te vayas, no estamos listos para soltarte. A veces el corazón necesita más tiempo para aceptar lo que la cabeza ya sabe.
Con el tiempo comprendí que de nada me sirve amarte y quererte dar las nubes en todas sus formas si tú solo quieres sentirlas pero no escogerlas. Aún te amo, pero te amo raro, sin ganas, al fin, al fin conseguiste y conseguí cansarme. Se cumplió el deseo de tu corazón y el miedo del mío. Ya no estás, pero esta vez no siento que volvamos a ser. Créeme que ganas de llamarte sobran, pero pasa que ya cumpliste tu propósito en mí. Al final no es tan malo, porque nunca estuviste. No entiendo por qué me aterraba tanto la idea de que te fueras si al final nunca estabas, pero aún así dueles.
Me estoy acostumbrando a no extrañarte, me asusta porque antes era un hábito, un hábito que ahora está desapareciendo. Pero así estamos mejor, ¿no? Te soy honesta, yo no estoy mejor. Extraño sentir tus abrazos fuertes atrapando todo mi cuerpo, como si fueses un hogar. Pasar mis dedos por tu pelo, tus mordiscos en mis cachetes y verte sonreír, de forma genuina. Amo tu sonrisa, tus ojos también. ¿Por qué? ¿Por qué no te vuelves a enamorar de mí? Solo un rato, pero real. Todos los ratos que hemos tenido han sido vagos, para mí únicos, para ti sin sentido. Tanto te costaba ser sincero y dejarme olvidarte. Tu corazón nunca fue mío, no sabes lo mucho que me esforcé porque lo fuera. Pero por favor no me digas lo que ya sé, no me vuelves a romper. Estando contigo me siento completa, por favor aún no, aún no te vayas.
Ya me arruinaste una y mil veces y sigo esperándote, sigo esperando algo que no llegará. No sé cómo pude caer tan bajo para seguir amando a una persona que me dañó tanto sin sentir una pizca de arrepentimiento. Pero que esto no te haga dudar de lo feliz que me hiciste, de la emoción que me causaba saber que vendrías a verme, de tus conversaciones tontas de las que ahora siempre siento ausencia. Tal vez nunca me dejaste conocerte, pero pude ver más allá de lo que tú mismo notas. Sé que eres más de lo que demuestras.
Nunca habrá arrepentimiento de haberte conocido. Eres lo más intenso que he sentido. Me enseñaste más de lo que hubiera querido aprender. Ahora sé que no puedo forzar vínculos, que no importa cuánto ame si no soy amada, ni por más humillaciones que haga por serlo. Gracias por los días que te quedaste, siempre te lo voy a agradecer aunque sigo creyendo ciegamente que pudo ser distinto. Ojalá algún día olvidarte o encontrarte y sea diferente. Te amo. Vuelve, me haces sentir extrañamente bien, extrañamente viva.
-C.A. Valadez
